¿CONSUME UN DISEÑO MÁS LIGERO MENOS ENERGÍA?
Los precios del combustible y de la energía continúan creciendo. Por ello, las estrategias de movilidad sostenible son imprescindibles tanto para las empresas como para los consumidores. Además, evitamos un desperdicio innecesario de recursos... Por todo ello, hay mucho que decir a favor de los coches que ahorran recursos, y aún más sobre los métodos para crearlos. En el episodio de hoy de la serie Alternativas Sostenibles hablaremos de las formas que tienen los fabricantes de reducir el peso de un coche y de las opciones de diseño consciente del mañana.
Conducir menos y de forma más eficiente, y elegir modelos frugales contribuye, sin duda, a reducir el consumo global de un coche o una flota. Sin embargo, el mayor potencial de ahorro está en otra parte: las opciones de construcción. Las construcciones ligeras y los materiales alternativos forman parte de un campo que gana adeptos cada segundo. Pero, ¿de qué se trata? Cuanto más ligero sea el coche y más pequeños el motor y la batería, menos energía necesitará para moverse. Aunque esto es cierto hasta cierto punto, el impacto en el balance energético real no está exento de controversia. Después de todo, un coche más pesado también puede volver a recuperar más energía gracias a la recuperación. Por tanto, uno de los principales objetivos de reducir el peso de un coche es también ahorrar valiosos recursos e influir positivamente en su impacto y huella medioambientales.
En la mayoría de los casos, esto se consigue mediante una combinación de estas medidas:
1) Deshacerse de lo innecesario
Para viajar ligero, hay que llevar menos equipaje. Pero, reducir los componentes de un coche, por supuesto, no es tan fácil. Al fin y al cabo, los ingenieros se esfuerzan en diseñar coches lo más eficientes posible desde el principio. Además, para reducir significativamente el consumo de energía, el coche tendría que perder primero cientos de kilos sin dejar de cumplir los objetivos de seguridad, estabilidad y comodidad. Una tarea muy difícil y, por tanto, no es realmente una solución autónoma. Aun así: cada gramo cuenta. Los ámbitos en los que se aplica este método pueden ser, por ejemplo, el interior del vehículo, los neumáticos, o determinados componentes electrónicos, entre otros.
2) Elegir nuevos materiales
Un material moderno adecuado para la industria del automóvil debe someterse a una comparación con materiales tradicionales como el acero y, al mismo tiempo, aportar las propiedades deseadas, por ejemplo, tener un peso y un coste comparativamente bajos y, preferiblemente, proceder de fuentes sostenibles. El magnesio, el carbono y el aluminio suelen ser alternativas de baja densidad, aunque los materiales termoplásticos y termoestables también son posibilidades sólidas.
También se puede utilizar una amplia selección de polímeros rellenos de materiales como el vidrio, metal o cerámica, así como caucho de silicona líquida (LSR) para sustituir las piezas metálicas, reduciendo de esta forma el coste y peso del producto, y mejorando a su vez su durabilidad. Además, los componentes fabricados con compuestos de fibra alcanzan una vida útil de 25 años, o más de un millón de kilómetros. Las carrocerías convencionales están diseñadas para 200.000 kilómetros, lo que significa que los coches del futuro podrían diseñarse para ser reutilizados o, incluso, pasar de generación en generación.